Inflamaciones en general

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Una inflamación es la respuesta automática del cuerpo ante un estímulo potencialmente dañino. Aunque, por lo general, se percibe como algo desagradable, esta reacción protege al cuerpo de daños peores.

Los estímulos que pueden provocar una inflamación se pueden clasificar en tres clases: estímulos mecánicos, como la presión y el calor, estímulos químicos, como los alérgenos y las toxinas, y estímulos biológicos, como los hongos y las bacterias. Independientemente de la causa, la inflamación siempre presenta cinco síntomas típicos:

  • Enrojecimiento
  • Hinchazón
  • Sensibilidad al dolor
  • Pérdida de la función
  • Calor

La mayoría de estos síntomas se producen por la acumulación masiva de células inmunológicas y agua, así como por un mayor aporte sanguíneo en las partes del cuerpo inflamadas. Esto acelera la curación del tejido afectado.

Las citoquinas regulan el desarrollo de una inflamación: son mensajeros del organismo que, por ejemplo, estimulan la producción de anticuerpos. Hay citoquinas que favorecen la inflamación (proinflamatorias) y otras que la inhiben (antinflamatorias). Cuando la hinchazón se produce, hay un desequilibrio entre estos dos tipos de citoquinas. Según la citoquina que prevalezca, la inflamación será aguda o crónica.

Las enzimas pueden ayudar a reestablecer el equilibrio entre los mensajeros pro y antinflamatorios para permitir que el proceso curativo de la inflamación finalice con mayor rapidez y eficacia. Además, las enzimas reducen la hinchazón evitando así el dolor inflamatorio.

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